
Cada tarde intentas descifrarme y encontrar los pedacitos que deje debajo del escritorio, intentas reclamarme por fingir la sonrisa, cuando te remontas a las viejas historias, entre cada suspiro perdido, te veo de par en par como solía hacerlo antes, con las mismas viejas artimañas ya conocidas, somos dos viejos magos aburridos…
Una cerveza helada, un pañuelo con lagrimas, y tu mano que me escribe versos fluidos y risueños, no hay mejor manera de enamorarme, si tan solo no lo hubieras intentado antes.
Mis zapatos rojos y tu sonrisa perdida, el carisma se me esfumo con la humareda vecina, con tus promesas rotas, con tus manos temblorosas, con mi silencio de cristal y mi voz como un eco en la tarde cuando te dije que no.
Ya sabes cual es el secreto. Siempre ha sido el mismo. Un lapicero de tinta azul y una circular al reverso, caminar sobre tus pasos es pisar mis sueños perdidos, tu frente y la mía separadas a un palmo de tibieza, una bomba de chicle y un mordisco en los labios.
Y entre cada silencio ir descubriendo el porqué de este desencuentro que fingimos cada vez que nos miramos a los ojos.
Tarde mucho en olvidarte en mis adentros rasgados de tu perfume, en no mirarme en ese espejo de lágrimas empañadas y viejas. La palabra final y tajante, un adiós definitivo y efímero, una caricia en la mejilla y una sonrisa de pésame, y no me acompañes a la salida que te pierdes de nuevo.
El crimen de no tenerte y de seguir viva en tu mundo, sin vos, sin tus manías de niño, sin tus abrazos perdidos que no llegan en las cartas, sin tus argumentos de antaño, sin vos, o con vos pero incompleto, es decir que no sos vos a final de cuentas, vos sin tu sonrisa, sin tus versos, sin tus ojos, vos sin tu voz, vos sin tus caras, vos sin tus libros, sin tus caramelos, sin tus cigarros, sin mascaras, sin besos en la frente, sin mi, vos incompleto sin mi, estamos perdidos.