jueves 24 de julio de 2008

Un milagro de llanto


Yo esperaba este error para conformarme en mi destino. Yo me estoy cansando de imaginarme que te creo. Y no hay explicación que valga, y no hay más pretextos, ilusiones de un pasado donde adoraba perseguirte. Yo esperaba este error para terminar de una vez por todas con la mentira, tuya, mía y de los demás. Treinta minutos ganados por fin, esta idea que tantas veces jugo en mi oído, que se escondido en los papeles esperando un desliz de tu parte. Yo esperaba. No, yo espero que me vuelva valiente por mi parte, por la tuya la cobardía me gana. Yo espero poder decirte las cosas de frente a tu nombre. Que todo ese amor que te tengo se me vaya entre la pintura morada, un tanto de mentira escondida en las pestañas. Ese miedo inminente de tener que decirte adiós por mi boca.

Aprendí a escribir mis patrañas en prosas, mis sueños perdidos de dueño ya no tienen sentido sin vos. Es demasiado tiempo. Yo espero ese error que venga de ahí para no tener una excusa de otra oportunidad desdichada. Este miserable sentido de querer guiarme a tu sur, a tu manera estoica de ver el mundo en la mano, a tu fascinación por el tiempo y el sol de diciembre, a tu manera de amarme de lejos. Yo esperaba ese error que me cometiste en treinta minutos ganados a todas las veces que me dejaste esperando respuesta. Ese puente ridículo. Es curioso que no llore cuando escribo la carta, es que yo estaba esperando pero ahora no quiero. ¿y si en realidad nunca espere el final de lo nuestro? Es que ahora no quiero acabar con tu historia, no quiero sentir el peso de tantas palabras cuando duerma abrazada a la almohada, yo quiero seguir intentando. Pero yo espere ese error y sabia que pronto estallaba, yo espere y encontré las mitades, las miradas llorosas, la manera de tragarse el orgullo; no hay manera de decirte que vale la pena el encuentro, porque entonces me regreso en mi línea contigua, me cambio de nombre o no te creo una palabra después de mañana, no te creo nada después de mañana.

miércoles 16 de julio de 2008

Las frases cortas


Si no escribo en el diario es porque tus palabras se devolvieron de ahí, hay una pared entre tus noches y tardes, entre mis lagrimas y las ganas de que no contestes el teléfono. Si no pongo los diálogos de nosotros es porque no hay más palabras que sacarle a los días, a veces es peor el sabor de tu ausencia cuando soy yo quien termina intentando por última vez que construyas ese puente increíble y acabes con tantas ideas de engaños.

El destino ya sabía que seguía mi última línea, la última letra que termina con tu nombre, esa frase inconclusa que he balbuceado tantas noches en vela. Cuando abra esa puerta no sabré si tendré suficientes fuerzas o lágrimas, o frases para poder describir el dolor de pretexto.

Siempre supiste ese miedo, ante todo la historia se repite y los errores que sortee con el tiempo me ayudaron a tener este hilo conductor de argumentos. No quiero terminar con la palabra perfecta, con el temor de escucharte y saber de que solo necesito una vez; una vez cada tres días, una vez de las tantas que intento buscarte, que te encuentro perdido en las cosas, en ese olor en la almohada cuando lloro de nada, cuando hago rabietas entre cada espejo empañado, solo necesito una vez para calmar este anhelo tan tonto y creer que me querés de verdad, aunque sepa a mentira; me agarro a arañazos con mis excusas de niña, me gusta creer de verdad que a pesar de este tiempo te acordás de mi de repente.

viernes 11 de julio de 2008

Buen sueño, Mal día


Necesito saber que se siente tenerte de cerca, saber si en verdad todo esto fue cierto. Si sigo llorando de esta manera no llegare a mañana. Mi cansancio y mi espera no tardan más de una hora en el día. Necesito saber, creer que estás vivo y lo siento. Me preocupa. Te siento tan lejos.

Buen sueño y deseos, buen día en la tarde, buena canción de este fondo. Un color amarillo que se aleja en las nubes. Rezando pude encontrarme con tu nombre, murmure que te amaba.

Pero tu humor esconde ese miedo y yo sé leerte entre líneas, yo sé encontrarte las manos. Vos no sabés cuando se me escapan las lágrimas entre imágenes que nada tienen que ver con nosotros. Yo necesito tener tu confianza, prestáme un momento esa ropa, disfrazarme de vos tres segundos me basta. Soñando de pronto te siento. Estos dolores estaban desde antes, ayer por la tarde intentaron subirse a mi cama. Hoy descubrí que necesito leerte, estos miedos se trepan por los tobillos de uno, en el piano, en los libros, en las sillas que sirven de mesa en mi cuarto, en las almohadas prestadas, en las cosas donde se me aparece tu nombre. Murmullos de niña enamorada del aire. Yo necesito tenerte. Necesito de vos, ahora mismo. Ahora mismo. Creo que sabés lo que siento. Yo sé leerte entre líneas. Yo temo no tenerte este mes que se me deja caer de golpe, ahora mismo.

jueves 3 de julio de 2008

Una idea de Tiempo


Es el clima perfecto para comenzar a escribirte. Una carta de siempre que no pasará por tus manos. Es una de esas verdades que duelen en la punta del dedo que la señala, que te secan la boca, que te sabe a cristal. Siento que mientes. Nunca me has dicho que me amas, pero esperás el momento oportuno para saltar al abismo. Esperás no sé qué y tenés ese miedo de gente que le teme a su sombra. Me duelen los ojos de escribirte en lo oscuro, afuera hay ruido de una tarde que llueve, de una casa que vive, de un futuro de ausencias.

Necesito un amor que sí esté. Yo te quiero pero necesito que intentés por tu lado, no es negativo pensar que necesito que pongás de tu parte para seguir este circo de amores; y que pase el siguiente mes tragando el olvido con tazas de té.

¿No te parece curiosa esta historia de tiempo? Escapar y mentir te devuelve cuatro años atrás, a los malos días cansados, a esa jugada maestra y llorona con que nos vieron la cara de tontos. Me siento impotente al saberte distante. He llamado tres veces, cada vez que yo intento retrocedo semanas, te he esperado de tarde, cuando llego y me voy, de las siete a las once; me estoy
cansando de construir este puente de mi lado perdido. Me estoy cansando de esperar a que sí, no aguanto mas apretando esta idea de amarte. Me canso y me confundo en suspiros, en pedazos de historia, en retazos de nosotros, necesito creer un poquito de eso que solías decirme por marzo.

Pero vos venís de repente y sacas tus palabras costumbre, sos una maraña de buenas intenciones, sólo eso, intentar es la misma canción que me sigue y desamor escondido en las cartas.

Apuesto que todo lo que resta de tiempo me lo gasto en suspiros, me lo gasto en palabras, esperando y tejiendo, hilvanando pretextos que sostienen tu nombre, quiero saber si en verdad comenzás a intentar construir ese puente, ese puente de tiempo y de promesas lloradas, quiero dormirme y no pensar en tus ojos. Extraño creer que te encuentro en cualquier parte del día en las cosas, y que a vos te pasa lo mismo a mi nombre. Quiero creer que me quieres y punto, esperar el momento oportuno no vale, justificar mi fracaso es lo mismo.

martes 1 de julio de 2008

Historias de tiempo


Nada bueno viene después de un “tenemos que hablar”, y a pesar de saber lo que viene en tu boca, me temo que ese golpe me sangrara más que nunca. Ya tenés ese sabor de la ausencia, ese calor natural en tus manos. Te parece que me pierdo y me canso de estas luces extrañas, me parece que este abandono se hizo parte de todo, de este universo en chiquito que construimos de noche. Señalo los libros y entre ellos se me aparece tu nombre en los temas, las bancas, los juguetes de antes, juntando oraciones, maldiciones de tarde.


Querés estar seguro, no sé de que, no sé de quien; no son quejas de este amor las que hacen frenar ese tiempo. No es tarde para querer comenzar desde cero. Vos estás sintiendo por fin esta ausencia a tu nombre, ese temor que te hace volverte y que tiene mi nombre es el mismo de siempre. Siempre, nunca y talvez, y que siga el sonido de tus pasos alejándose de todo. Te da miedo perderme, que me aburra sentada, que me canse de amarte, que maldiga mi nombre, que me esconda entre libros, que este amor se me agote o me de por vencida esperando. Que las ganas de escucharte ya no sean constantes. Pierden sabor mis palabras cuando te las digo de frente