jueves 18 de septiembre de 2008

Una tarde de siempre


Una tarde de siempre, una cortina bailando en el aire y esta voz que se mueve al momento que pasan tus ojos. Tus ojos y nada. Ese momento en que abrazas y jugás a dejarme perdido, entre mis frases sonrientes y tu madurez misteriosa. Si me tomo por la fuerza el aliento que guardás se me vienen encima semanas de sueño, de novelas perdidas, de mensajes que alarman corazón de terceros. Si venís y tomas esa nota temprana, esa palabra en mi boca ya no sé que decirte. Ya no sé si se pueda continuar la tradición de encontrarte. No se siente prudente, no se puede en el tiempo, no se mira correcto cambiar de estrategia. Pareciera de pronto que estamos perdidos, intentando seguir esa patraña con guiones en las frentes de ambos; hablás vos, hablo yo y se repite la historia. Pareciera que tengo que acelerarme a tu nombre, yo me siento obligado a continuar a tus brazos. Cuando las horas que faltan son tan pocas ahora me paralizo en completo, se me corta la sangre y no puedo pensar en otra cosa que verte. Colilla en el suelo, situación del presente. Un corazón que se rasga por tener que curarse. Una ficción de tener que quererte en secreto, sin que nadie lo sepa, sin que quieran vetarlo. Si me sigo pensando estas cosas en lagrimas yo te juro que muero, yo te juro que apuesto las millones de veces que me robaste el aliento. Yo te apuesto el futuro para saber donde estamos, donde esta señalada la verdad de este encuentro, si el “nosotros” existe. Si te digo que necesito mirarte se me van los segundos. Yo me siento impotente a tus ojos. Yo me siento en la acera con las manos abiertas, yo vengo y te digo que vuelvo mañana, apago la luz, cierro la puerta al salir, te pido que digas lo que sigue en mi nombre. Yo me miro de espaldas caminando otra vez.
Gustavo

sábado 13 de septiembre de 2008

Hay cosas más grandes que nosotros


Yo quería creer que en verdad querías mirarme de frente con todas las verdades y excusas derrochadas, pero hay cosas que son más grandes que nosotros. Un blues de esos diez minutos perdidos; yo contaba las horas y señalaba tu nombre, tenía esa sonrisa de tonta cuando acabás de despertar y parece que hoy es un día diferente de ayer.

Yo creía que hoy vos querías perder unas horas entre tantos meses de ausencias. Lo peor del momento es cuando me resiento de lagrimas, cuando está esa imagen y los deseos de romperme con todo. Se acabó este intento.

Hay cosas más grandes que nosotros. Pero no te mientas cuando deseas venirte a mirarme, no te mientas cuando intentas por tu parte, cuando no estas disponible, cuando rabias porque no hay suerte que mande en el tiempo; le pregunte al futuro y dice que no nos conoce.

Yo quería que lloviera o que llamaras de pronto o que viniera la gente con sus señas y ordenes; cualquier pretexto valía para borrar el instante en que me derrumbo en tu ausencia, en mis manos, en el rostro lavado, en que siento en la piel los quince minutos perdidos ahora.

Pero hay cosas más grandes que nosotros, y me queda sentarme en la mesa juntando veneno en la boca, hablando entre dientes, llorando de amarte, a esperarte por siempre.

lunes 1 de septiembre de 2008

Las miradas dicen lo que las palabras no pueden



Un momento de vodka con tu nombre en la orilla y hablar hasta que no tenga sentido, o q lleguemos a ese punto casual que mañana se nos olvida que hablamos, esa maraña de besos en recuerdos apretados. Esa risa maliciosa en mi boca.

- recordás aquella vez?

Mil veces y una. Es ese tipo de momentos en que uno se siente perdido de todo. Desorientada en tus manos. Yo me vuelvo los pasos y te quiero a rabiar aunque sea un segundo. Este miedo de reaccionar de una manera espontánea. Si seguimos hablando de estas mismas cosas ocultas vamos a terminar en el suelo, si seguís con esa manía de jugar y ocultar me voy en tres vasos mas a mi nombre o al tuyo, ya ni se lo q digo.

Vamonos a dar una vuelta por esos lugares que prometes de madrugada, que te reís entre almohadas, que te sonreís en mi ausencia. Donde vengo en las sombras o venís y me robas el aliento de golpe. Un momento de jazz, un cielo de alcohol y tus ojos. Me miras de esa misma manera de antes, se me viene de golpe la realidad de las cosas, necesito que me recordes tantos tiempos para caer en cuenta de todo. Este punto casual. Una canción entre trova y tus brazos. Mil veces y una. Que mañana me olvide de todas las frases de anoche, que hoy las tengo por toda la piel, como heridas.